Autolesiones y Adolescentes ¿Un Trastorno “de Moda”?

autolesiones y adolescentes

En este artículo abordaremos qué es una autolesión, desechando algunos mitos relacionados. También veremos algunos signos que pueden servirnos para detectarlas y cómo reaccionar una vez confirmada su existencia, asi como las principales pautas de intervención empleadas.


¿Qué es un autolesión?

La Real Academia de la Lengua define la autolesión como el daño físico que alguien se causa voluntariamente a sí mismo. De este modo, las autolesiones pueden ser variadas: golpes, rascado excesivo, cortes o incisiones…

Una primera polémica podría surgir dentro de esta clasificación, ya que conductas como el consumo de drogas o dejar de comer no suelen considerarse autolesiones porque “no suponen un daño inmediato sobre la integridad física”.

Pero; ¿qué ocurre cuando, por ejemplo, el consumo de alcohol deriva en un coma etílico? ¿No supone un daño físico causado voluntariamente a uno mismo?

Las Autoincisiones o Síndrome del Cutting

Polémicas y debates aparte, en este artículo vamos a hablar fundamentalmente de las autoincisiones o síndrome del cutting ya que los cortes en la piel son el tipo de autolesiones no suicidas más frecuentes.

Subrayamos no suicidas ya que para poder entender, afrontar y resolver este tipo de conductas de manera eficaz es fundamental tener ese punto de partida.

Mitos sobre las Autoincisiones

En el caso de las autoincisiones, aún predomina la creencia que son “la antesala del suicidio” o que “se hacen para llamar la atención”. Vamos a profundizar en estos dos mitos que han rodeado a las autoincisiones:

1- Autoincisiones versus intento de suicidio

El objetivo de las autoincisiones no es poner fin a la vida sino que suponen torturarse para poder hacer la vida soportable. Las personas que recurren a este tipo de conductas se infringen un dolor físico para aliviar otro tipo de dolor emocional.

2- Autoincisiones versus llamadas de atención

Aunque los cortes suelen realizarse en zonas como antebrazos, piernas y torso, normalmente tienden a ocultarse. No se desea que se vean las cicatrices o las heridas ya que conllevaría tener que dejar de hacerlo con toda la pérdida que ello supone. Aunque no sea una búsqueda de atención, la autolesión oculta es en sí una muestra de angustia y merece la atención de otros que estén en condiciones de ayudar.

El preocupante aumento de las autolesiones en los adolescentes

Hace algunos años tuve una entrevista en un colegio concertado. Buscaban a una persona para el departamento de orientación que trabajara con los alumnos y alumnas de secundaria. Después de comentar mi currículum y mi trayectoria me preguntaron específicamente si tenía experiencia en el abordaje de casos de trastornos de la conducta alimentaria y con casos de autolesiones. Este hecho me ratificó en la creencia que la incidencia de este síndrome entre los adolescentes está sufriendo un preocupante aumento.

Algunos datos sobre las autolesiones

Aunque actualmente no hay datos concretos sobre el número de adolescentes que sufren este síndrome , en 2014 España participó en el proyecto SEYLE sobre salud mental entre los adolescentes. En este proyecto, que realizó distintos estudios, se elaboró una encuesta entre 11.000 europeos -de los cuales 1.100 eran españoles – sobre las autolesiones no suicidas en distintos institutos. Casi uno de cada 10 había tenido algún comportamiento de este tipo. Los médicos alertan del fenómeno, que va en aumento y cada vez empieza antes.

¿Sólo se autolesionan los adolescentes?

No, pero sí son más vulnerables a caer en este síndrome como consecuencia del estadio evolutivo en el que se encuentran. Etapa de cambios que a menudo son difíciles de afrontar y asimilar. Además, entran en escena las redes sociales: proliferan en you tube, Instagram y otras redes, las imágenes o mensajes relacionados con la autolesión, normalizando estos actos, apareciendo incluso como modelos a seguir.

No debemos olvidar que el origen de las autolesiones es un deseo de cambio, en este caso de estado: de la desesperación y la angustia, al alivio y la calma. Podríamos decir que se pasa del “me duele el alma” a un dolor concreto, específico, más localizado. Y también hacen su aparición las endorfinas (con todo el placer que traen con ellas).

Giorgio Nardone defiende que ”a fuerza de repetirse en el tiempo, van evolucionando hasta convertirse en un trastorno que pasa de ser una fuente de sedación del dolor emocional a través del dolor físico, a ser una fuente de placer. Una compulsión placentera”.

Por eso no funciona la charla, ni el castigo, ni querer detenerlo a la fuerza. La recompensa es demasiado grande. Pero es pasajera y el circuito se repite.

¿Para qué se autolesionan los adolescentes?

Si nos fijamos en el “para qué” de la propia autolesión encontraremos el abordaje específico del mismo. Los /as adolescentes que se autolesionan hacen uso de estrategias centradas en la emoción y la evitación, además de presentar un déficit en cuanto a estrategias de afrontamiento y resolución de problemas y uso de apoyo social.

¿Cómo detectar si mi hijo/a se está autolesionando y cómo reaccionar?

Los principales signos a los que debemos estar atentos/as están relacionados con el mundo emocional de los adolescentes. Es decir, si percibimos dificultad para reconocer y expresar su emociones, una tendencia al aislamiento después de un suceso estresante o con alto contenido emocional, debemos hablar con ellos y plantearles lo que estamos viendo y viviendo en casa.

Siempre desde una postura conciliadora y comprensiva: “he notado que desde hace algún tiempo pareces preocupado/a o más triste, como si algo te pesara mucho y no supieras cómo afrontarlo). No desde el reproche (“estás muy raro/a desde hace tiempo”, “no sé que te pasa pero estás insoportable”.

Puede que percibamos también que ocultan determinadas partes del cuerpo que antes mostraban (aunque haga mucho calor llevan camisetas de manga larga, o pantalones largos…).

Podemos hacérselo notar pero sin que parezca una investigación policial: “¿te crees que no he notado que te tapas todo el rato los brazos, ¿piensas que soy tonto/a y no sé lo que está pasando?”.

No alarmarse en exceso es muy importante, ellos/as ya están lo suficientemente asustados/as y necesitan que alguien sirva de contención a esa angustia. Sentir la confianza de poder hablar (será fundamental la escucha activa), compartir la carga y empezar a superarla. Para ello, otro punto clave es no juzgar; mostrarse disponible desde el cariño, sin negar la autolesión y empatizando con el/ la adolescente.

Intervención en Autolesiones

La intervención que incluye una atención integral irá encaminada a:

  • Potenciar los recursos del adolescente; trabajando su auto concepto y su autoestima.
  • Desarrollar sus competencias emocionales: aprender a identificar y regular las propias emociones.
  • Fomentar estrategias de afrontamiento y resolución de problemas, haciendo frente al estrés de manera adaptativa.
  • Reforzar su red de apoyo y percepción de la misma: adquiriendo habilidades sociales.
  • Construir un proyecto de vida.

Por último me gustaría destacar que no debemos centrar la ayuda en eliminar desde el principio las autolesiones, ya que el/la adolescente se encontraría aún más desvalido/a e indefenso/a. A medida que vaya incorporando nuevos recursos  emocionales y personales, empoderándose, probando su eficacia a medio y largo plazo acabará por desplazar esta “herramienta” ya que supone un parche a su dolor emocional no una superación del mismo.

Acerca de Helena Arroyo

Cuando estudiaba secundaria me hicieron un test de orientación vocacional y profesional. Destacó mi interés por trabajar en el ámbito social promoviendo los recursos y capacidades de las personas y acompañándoles en su crecimiento y desarrollo personal.

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